Por Mariela Quirós
Como mujer que trabaja haciendo política tengo unas cuantas certezas y tengo también —no puede ser de otra manera— mis cuotas de duda y de incertidumbre. Pero si una certeza tengo es que no es desde el odio ni mucho menos desde la agresión que se construye un mundo más justo y más solidario. ¿Es por eso que trabajamos, no es cierto, por hacer un mundo más justo y más solidario?
Hace un par de días una chica me saludó en la calle y después de responder a su saludo, a cuento de nada, me dijo: “Ustedes son la casta”. No le respondí, no era el lugar ni era el momento. Pero me quedé, por supuesto, pensando.
No voy a rasgarme las vestiduras —como mujer que trabaja en la política no tengo ese derecho—, pero mi jornada laboral como diputada de la provincia no tiene horario fijo. Es permanente. Así también es la jornada de las compañeras y compañeros que trabajan junto a mí o cerca de mí. Somos mujeres y hombres con una actividad intensa, y cada una, cada uno a su manera, desde su convicción y desde su historia, trabaja por la provincia con y desde la mejor herramienta que supimos conseguir: la política.
Recuerdo la crisis del 2001, el descrédito y el desprecio que provocaba cualquier cosa que oliera a política. Recuerdo el “que se vayan todos”, el hartazgo que sentíamos. Pero también recuerdo que de aquella crisis tremenda salimos, precisamente, involucrándonos. Comprometiéndonos. Haciendo política. Chicas y chicos, pibas y pibes vivimos un despertar —en mi caso, como en el de muchas y muchos, de la mano de Néstor y Cristina Kirchner—, entendimos que, lejos de despreciarla, teníamos que hacernos cargo de la actividad política, hacernos cargo de nuestro destino.
No vamos a negar ahora la decepción de buena parte de nuestros jóvenes, la frustración, los deseos que quedan a medio camino. Vivimos un tiempo complejo y tenemos la responsabilidad de contagiar aquella épica, nuestro entusiasmo; la responsabilidad de recuperar lo que nos moviliza: un horizonte con más inclusión, la potencia de nuestra diversidad, la solidaridad de nuestro pueblo. La democracia —el más hermoso logro del pueblo argentino— como garantía de plenitud.
En definitiva, la gran certeza que nos mueve: la política como nuestra mejor defensa, como nuestra herramienta para construir futuro. Que no nos quieran hacer creer otra cosa.
*Diputada provincial
